El Impresionismo y la Cultura de Masas

Una de las prácticas que hicimos durante el curso pasado trataba acerca de la llamada “Cultura de Masas”, en la que el Arte es parte fundamental de la misma. La verdad es que siempre me ha parecido cuanto menos curioso como el Impresionismo, tendencia artística fundamental, es tratado desde que algunas de sus obras alcanzaban precios desorbitados en las casas de subastas, provocando que “Impresionismo” se convierta casi en otra marca comercial. Lo que viene a continuación es un ensayo  en donde explico muy brevemente lo que para mí se ha convertido el Impresionismo, y la evolución hasta llegar a dicho estado así como un rápido estudio de la tendencia, que espero profundizar en otra entrada de curioseArte.

EL IMPRESIONISMO COMO MARCA CULTURAL

 En 1660, Marco Boschini definió a Velázquez como el “último pintor veneciano vivo”. A lo largo de la Historia del Arte, una de las grandes polémicas ha sido la disputa entre los defensores del dibujo y del color, o más bien de que lo que debe primar en una pintura. Boschini se refiere a Velásquez como el último gran pintor veneciano de su tiempo, en el sentido de que para los pintores venecianos, como Tintoretto, Tiziano o Canaletto, el color fue un recurso fundamental en la estructura compositiva de la obra, y el elemento que dio fama al arte en la Venecia del SXVI.

A partir de la muerte de Velázquez, curiosamente ese mismo año de 1660, se puede decir que entramos en una época que abarcaría aproximadamente los dos siglos siguientes, en que el dibujo va a primar sobre el color. Es la época del academicismo, en la que las pautas artísticas y estéticas van a estar muy definidas por esas instituciones y que toda obra que se salga de esas normas, puede ser tachada de indecorosa o antiestética. Estilos o movimientos como el Barroco o el Neoclasicismo tendrán en el dibujo, y por consiguiente, en una marcada estética escultórica su principal característica.

Será a partir del Romanticismo, cuando aparezcan los primeros autores que traten de romper esta tendencia, aunque todavía bajo la influencia académica y de otros elementos que poco a poco irán alcanzando gran importancia, que serán los salones de arte, en donde se valorará la obra de arte siempre bajo las normas académicas, de marcado carácter conservador.

Antes de continuar, es necesario marcar que con esta reflexión no pretendo menospreciar a estos artistas que trabajaron bajo esas normas ya dictadas, sino que es un reflejo de la época en lo que al arte se refiere.

Charles Baudelaire (1821-1867), en su ensayo El Pintor de la vida moderna de 1863, define lo que para él es la belleza y lo que debe ser un creador de su época. A grandes rasgos, y centrándonos en el aspecto que nos atañe, la obra de arte debe reflejar una escena de la vida cotidiana, por lo que se tiene que realizar a gran velocidad, lo que implica destreza y habilidad en la pincelada.

Estas breves consideraciones acerca de la evolución de la polémica dibujo-color son importantes para comprender la importancia que el movimiento impresionista alcanzó en la época, o más bien tiempo después.

Creo que el movimiento impresionista es el objeto cultural perfecto para responder a una de las cuestiones que nos hacemos a la hora de relacionar arte e historia y  es el significado del rechazo que sufre el artista en su tiempo, que mas tarde será asumido como objeto del disfrute de masas.

EL IMPRESIONISMO: SÍNTESIS

El movimiento impresionista nace aproximadamente hacia el año 1867, a partir de las reuniones que mantienen todos los viernes, un grupo de jóvenes pintores en torno a la figura de Edouard Manet, que ejerce de referente para estos artistas, en el café Guerbois de París.  Hay que decir, que Manet no es considerado impresionista, ya que se encuentra a caballo entre éste y el romanticismo. El grupo inicial lo conforman Claude Monet, Pierre-Auguste Renoir, Berthe Morisot, Alfred Sisley, Edgar Degas y Camille Pisarro.

La importancia del impresionismo radica en el intento de ruptura con lo establecido, que no era otra cosa que el academicismo reinante. Este enfrentamiento provocó que estos jóvenes artistas no fueran admitidos en sucesivas ocasiones en el salón de París, en donde por cierto, si que intentó participar Manet (rechazado en más de una ocasión) otro aspecto que explica su no inclusión en el grupo impresionista. A modo de curiosidad, reseñar que el cuadro que se muestra a continuación, Desayuno sobre la hierba de Manet fue rechazado…como ha cambiado la historia verdad?

Desayuno sobre la hierba, Edouard Manet, 1863

Desayuno sobre la hierba, Edouard Manet, 1863

 Esta manifiesta independencia provocará entre otras cosas la creación de una cooperativa, la “Sociedad Anónima de pintores, grabadores y escultores”, la publicación de sus ideas y artículos en una revista, y lo que es más importante, la organización de la primera exposición impresionista en 1874, en el estudio del fotógrafo Nadar, que a modo de curiosidad, mostraba en su fachada el primer cartel luminoso de la época.

LA MARCA “IMPRESIONISMO”: ORÍGEN Y EVOLUCIÓN

 No está del todo claro el origen de la palabra que dio nombre a este grupo de artistas, y sobre todo quien fue. Hay quien defiende que fue a raíz de una crítica con claro carácter peyorativo de un articulista francés llamado Leroy, otros creen que surge a raíz del nombre del cuadro de Monet “Impresión: sol naciente”, aunque la teoría más aceptada es que fue el

Impresión: Sol Naciente, Claude Monet, 1872

Impresión: Sol Naciente, Claude Monet, 1872

crítico Jules-Antonie Castagnary quien dio nombre a este conjunto de innovadores. Castagnary también acudía al café Guerbois a las reuniones de los artistas, junto con otros críticos como por ejemplo Emlie Zola, y en uno de sus artículos se refería al grupo como “impresionistas”, en el sentido de que plasman no el paisaje, sino la sensación producida por el paisaje, es decir, la impresión que les deja ese paisaje y la forma en que puede cambiar por efecto de la  luz, elemento primordial y esencial en las composiciones.

El impresionismo provocó cierto impacto en los pintores de la época, sobre todo por la novedad que supuso, como hemos dicho antes. A partir de los años 80 del SXIX, aparece un grupo de seguidores de gran importancia, que reciben el nombre de neoimpresionistas o puntillistas, entre los que destacan Seurat y Signac, y éstos a su vez abrieron las puertas a cuatro artistas que por si solos iniciaron nuevas tendencias; Cezanne, que comenzó con el grupo inicial de los impresionistas, aunque pronto se desmarcó de ellos y fue el impulsor del cubismo, Van Gogh del expresionismo, Gauguin del simbolismo y Toulouse-Lautrec, que quizá podríamos enmarcarle dentro de los inicios del modernismo.

EL IMPRESIONISMO COMO OBJETO CULTURAL Y ARTÍSTICO

 Pocos movimientos reflejan mejor la relación entre el arte y la sociedad contemporánea como el impresionismo. Además, es un claro ejemplo del proceso que sufre un producto cultural, en donde el artista comienza siendo rechazado por la sociedad y las “autoridades artísticas” de su tiempo, para convertirse en un disfrute de masas.

Es importante además, porque aparece la figura del marchante de arte, que se encarga de lanzar y promover al creador de turno. Este marchante se encarga de organizar las exposiciones, financiarles y defender sus producciones. Pero lo que más nos interesa, es la labor publicitaria que realizan, tanto en las revistas de la época como en la prensa. Paul Durand-Ruel es el marchante que esterá más cerca del grupo desde que conoce a Monet y Pisarro en Londres, donde estaban estudiando a Turner. Es considerado el primer marchante moderno, una especie de mecenas o protector, que sin su ayuda, es muy posible que éstos artistas se hubieran quedado en el olvido. Ayuda además a llevar a sacar la obra de Francia, es decir, la internacionaliza y la difunde más allá de París, núcleo urbano donde comenzó todo, mediante exposiciones, artículos y críticas. Comenzamos a ver la publicidad como elemento fundamental del objeto cultura, y sobre todo lo que provoca, que es la evolución de una determinada producción artística de la llamada  fase liberal, en donde comienza la mercantilización de esos bienes culturales, que todavía son autónomas a la fase monopolista, en donde ya la industria cultural considera estas composiciones como mercancías. Es indudable la labor realizada por la publicidad, sobre la que la industria cultural se apoyará para autofinanciar el objeto a comerciar.

Según Adorno, los bienes culturales aspiran a satisfacer necesidades en su fase liberal, y en la fase monopolista apenas sirven para motivar su propio consumo. Éste proceso se manifiesta indudablemente en el impresionismo, ya que la obra de arte se crea con la intención de reflejar una realidad social, y gran parte de la producción impresionista, tiene como tema principal alguna de estas escenas de la vida cotidiana de la sociedad presente, como por ejemplo El Baile en el Moulin de la Galette, de Renoir.

Baile en el Moulin de la Gallette, Renoir, 1879

Baile en el Moulin de la Gallette, Renoir, 1879

Desarrollan además una técnica pictórica, que es la llamada división de tonos, que aunque fue iniciada por Constable, son ellos los verdaderos impulsores de la misma, respondiendo a esa celeridad requerida por Baudelaire; no mezclan los colores en la paleta, sino que es en el ojo del espectador en donde fluyan esos colores puros, dando forma a las composiciones. Se basan en las teorías cromáticas de Newton, para el estudio de la luz, que es la esencia del impresionismo.

Este proceso sufrido por el movimiento, culmina en el mundo contemporáneo, donde el impresionismo es tratado como una “marca cultural”, antes que como uno de los movimientos artísticos fundamentales de la Historia del Arte.  Hace unos meses pudimos disfrutar de una pequeña exposición dedicada a Berthe Morrisot en el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid. Entiendo que la sociedad no sepa quien fue Berthe Morrisot, pero la estrategia publicitaria utilizada para dar a conocer dicha muestra, es el subtítulo, La pintora impresionista, por lo que se juntan dos poderosos argumentos que sí pueden llamar la atención del potencial consumidor; que la protagonista es una mujer de mediados del SXIX, y por supuesto el término “impresionista”.

La transformación social que comienza con la Revolución Francesa en 1789, culmina artísticamente con la aparición de este grupo, por lo que hay quien considera que su repercusión es comparable a la del renacimiento. En la actualidad, el término se ha convertido en un auténtico reclamo comercial y publicitario, garante de ingresos y asistencia a cualquier exposición o evento que tenga como protagonistas a alguno de sus miembros o al movimiento en sí.

Abraham Matesanz.

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