Madrid, capital del Reino

No se me ocurre mejor manera de volver a escribir en el blog, que hacerlo tomando como base uno de los epígrafes de mi trabajo de fin de grado, y sobre todo, hacerlo de Madrid. En este caso, de la razón o razones que llevaron a Felipe II a establecer la capital en Madrid, y como transcurrieron esos primeros años,  hasta el comienzo del reinado de Felipe IV, en los que se perfiló la ciudad que podemos ver hoy. Vamos allá…

Madrid, capital…¿Madrid capital?

Uno de los grandes debates que se mantienen en torno a Madrid, es acerca de la razón o razones que llevaron a Felipe II a decidirse por la Villa como Capital del Reino, sobre todo teniendo en cuenta que ciudades como Sevilla, Valladolid o Toledo estaban claramente aventajadas en cuestiones demográficas, económicas y, sobre todo,urbanísticas. Aunque numerosos autores han aportado diversos argumentos tácitos como la insuperable ubicación geográfica, riqueza de aguas, bosques y fauna, y otros argumentos de índole personal que el propio Rey pudo adoptar, entre ellos, la salud de la reina o el castigo a alguna de esas urbes -como pudo ser Valladolid por su participación en la guerra de las comunidades-, se puede afirmar que no existe unanimidad al respecto.

Es particularmente interesante la ventaja geográfica que atesora Madrid como valor indudable a la hora de establecer ahí la corte, pero no solo en lo que se refiere a la equidistancia de la mayoría de ciudades españolas, sino también en un sentido artístico  y racional del mismo, acorde con las teorías renacentistas del momento. Este concepto de centralidad está asociado a la idea de perfección, y en un vasto territorio como es España, cuya forma se asemeja en cierta manera a un cuadrado, es en el centro del mismo donde debe establecerse el foco neurálgico. Además, una gran parte de los caminos y las calzadas romanas existentes entonces, transcurrían por el centro de la península facilitando además las comunicaciones.

calzadas

Calzadas romanas y caminos peninsulares en el siglo XVI. URIOL I, Jose. “Las calzadas romanas y los caminos del SXVI.” Revista de Obras Públicas, 1985, CSIC, Madrid.

Una vez decidido el traslado de la corte a Madrid mediante Cédula Real enviada desde Toledo el 8 de mayo de 1561, comenzó un grandioso proyecto que tuvo como objetivo el hacer de Madrid no solo la capital de un país, sino también la capital de todo un imperio. En un primer momento, la intención de Felipe II es la de hacer del centro de Castilla un gran espacio regio, dotado de numerosas construcciones tales como bibliotecas, un gran panteón y una residencia en forma de capital, donde se reunieran los edificios y entidades encargados de la administración del país. Es importante señalar que debido a la juventud de la urbe, el Rey hubiera podido moldear la ciudad a su capricho ya que no residían aún en ella grandes fortunas o poderosos prelados que bien pudieran rebelarse contra las intenciones reales.

En la real cédula de Felipe II a Jorge de Beteta, Corregidor de Madrid, y a Luis de Vega como maestro de obra del Alcázar se ordenó la contratación de cuantos oficiales fuera necesario para que trabajen en las obras de acondicionamiento con el fin de entrar a residir inmediatamente en él.

Don Jorge de Beteta, nuestro Corregidor de la villa de Madrid o vuestro lugarteniente
en dicho ofiçio, Luis de Vega y los otros nuestros oficiales del Alcázar de esa Villa. Me
han embiado ha hazer relación que, por falta de oficiales y gente, no se pueden acabar
con la breuedad que deseamos las cosas que dexé mandado que se acabasen y hiziesen
en el dicho Alcázar, y porque para poder entrar en él conuiene mucho que se acaben,
os encargo y mando que con todo cuidado y diligençia entendáis que luego en proueer
que todos los oficiales de manos de esa Villa se ocupen solamente en las dichas obras,
sin que entiendan en otra cosa alguna, hasta que aquellas se acaben, pagándoles
nuestro pagador de ellas sus jornales y alquileres acostumbrados, que lo mismo
embiamos a mandar al licenciado de Francisco de Castilla, alcalde de nuestra Casa y
Corte y, si fuera menester, juntaros con él para que yo haya mejor recaudo en esto.Hacerlo héys, auisándome de lo que se proueyere que en ello nos seruiréis.

De Aránjuez , a xxx de mayo de 1561 años. Yo, el Rey. Refrendada de Pedro del Hoyo

alcazar

Antonio de van den Wyngaerde . Dibujo de Madrid. 1562. A la izquierda se aprecia la presencia del Alcázar

La presencia del Alcázar era una de las razones por las que Felipe II no pudo llevar a cabo las medidas que en un primer momento tenía pensadas ya que tanto el Rey como su arquitecto, Juan Bautista de Toledo (1515-1567) actuaron desde un primer momento sobre todo en el Alcázar y sus proximidades, con el fin de adecuarlo a las exigencias que una residencia real requerían. A finales de la década de 1550, Bautista de Toledo residía en Nápoles, ya que tenía el cargo de director de edificios del virreinato, por lo que conoció los métodos y tendencias italianas en urbanismo, acordes recordemos con las tendencias renacentistas. Estas tendencias se reflejaron en el barrio de los españoles de la capital napolitana, que fue tomado como ejemplo en la creación y desarrollo en las nuevas ciudades americanas, la reforma urbanística de Valladolid, y por supuesto el proyecto madrileño. Fue mandado llamar en 1559 por el rey mediante Real Cédula, y se instaló inmediatamente en Madrid, por lo que la cuestión de la capitalidad pudo llevar meditada un tiempo.

chateau

Jan Cornelisz Vermeyen, Le chateau de Madrid, Grabado, MET, Nueva York, 1536

 

Se priorizó por tanto la reforma de la antigua fortaleza árabe y sus alrededores, en detrimento de la reforma urbanística planteada para Madrid en un primer momento. En el Archivo General de Simancas se conserva un el Memorial dirigido a Felipe II sobre las obras de Madrid que carece de fecha y firma, aunque se cree que el redactor pudiera ser el corregidor Antonio de Lugo, y se piensa que fue escrito entre 1564 y 1566. En él, se proponen numerosas medidas para ornamentar y reordenar la urbe, solicitando ayudas y proponiendo métodos de financiación para el proyecto. En el memorial se citan propuestas como son la construcción de una colegiata o catedral, la creación de un hospicio para huérfanas, un hospital general, el establecimiento de un seminario, en definitiva, una serie de reformas y proyectos necesarios para que la ciudad pueda acoger de forma sólida los requerimientos que una capital demanda.

Todas estas medidas se cumplieron con mayor o menor premura y la ciudad va creciendo de forma un tanto indeterminada, ya que es el Alcázar y su entorno los que continuaron siendo los principales espacios a reformar y por ello los que acogieron la mayor parte de la financiación. Fue en 1570, con la llegada de Ana de Austria (1549- 1580), cuando el desarrollo sufrió un parón, ya que se multiplicaron las deudas de la ciudad, suspendiéndose toda actuación ya hasta 1590, cuando se creó la Junta de Urbanismo por idea de Juan de Herrera (1530-1597), con el objetivo de volver a la idea renacentista, pero el cansancio económico reinante por la crisis que sufría la nación, lo hizo prácticamente imposible.

El hecho de que el Alcázar se ubicara al filo de un importante desnivel, provocó que el desarrollo urbanístico se realizará de oeste a este tomando como punto de partida inicial el propio alcázar, y un eje longitudinal que hoy se corresponde con la Calle Mayor, limitándose por el oeste en el Monasterio de los Jerónimos.

planomadrid

Evolución urbanística de Madrid entre 1565 y 1595. Las zonas más oscuras se corresponden con la etapa más tardía. En el extremo oriental de la calle mayor, actual paseo de los Jerónimos se ubica el Monasterio del mismo nombre. Recuperado de Felipe II, la corte y Madrid en 1561, escrito por Alfredo Alvar Ezquerra.

Una vez comenzado el desarrollo urbanístico en la capital, que por otra parte no atendió a orden establecido sino que fueron acometiéndose las reformas puntuales según la necesidad del momento, apareció uno de los problemas que afectaron al devenir de la ciudad, motivado por el traslado de la corte a Madrid, y es el de un vertiginoso incremento demográfico. A principios del SXVI, la población era de apenas 3.000 vecinos, los cuales se duplicaron por los privilegios que Carlos I concedió sucesivamente a la ciudad. Esta suma se verá incrementada hasta llegar a las casi 57.000 almas hacia 1597, es decir, que el aumento que sufrió era a todas luces desproporcionado a la capacidades que eran capaces de acoger sus infraestructuras. Esta desproporcionalidad se demuestra en la comparación con ciudades como Valladolid, rival de Madrid en el conseguir albergar a la corte, que además acogía con regularidad a las Cortes de Castilla por lo que se trata de una ciudad de gran importancia, la cual a finales de siglo recogió 954 bautismos en 1588, el año de mayor registro. En Madrid, sólo en la parroquia de San Ginés, una de las 13 que conforman la Villa, el registro no bajó de 800 bautismos.

A este crecimiento desmedido, se sumaba la presencia de funcionarios y demás trabajadores de la corte, que necesitaban de alojamiento dentro de la ciudad. Es entonces cuando Felipe II decidió convertir todo domicilio en Aposentamiento de Corte, provocando que los vecinos construyeran las casas a la malicia de una sola planta a la vista exterior, evitando así el acoger a nadie en plantas superiores. Es importante resaltar este tema en relación al desarrollo urbanístico de Madrid, ya que estas casas a la malicia, al ser de una sola planta en muchas de sus ocasiones, hacía que tuvieran una extensión mayor de lo normal, a la vez que las fincas resultantes eran irregulares dando lugar a un entramado callejero desigual y desordenado. Atrás quedaban entonces los intentos de hacer de Madrid con un ordenamiento urbanístico acorde con las tendencias renacentistas, quedando establecido uno que recuerda al tipo medieval.

Para conocer la apariencia que tenía Madrid en los años en los que se produce un punto y aparte en el desarrollo urbanístico de la ciudad, debemos acudir a las Relaciones Topográficas encargadas por Felipe II a lo largo de la década de 1570, justo después de la entrada de Ana de Austria. Las Relaciones Topográficas consistían en cuestionarios que numerosos pueblos de España habían recibido mediante carta del Rey en 1575, en la que “se acuerda que se haga descripción e historia de particularidades y cosas notables de dichos pueblos”. Mediante cargos reales y municipales tales como escribanos, alguaciles o clérigos, se realizan estas encuestas con el objetivo de trasladar las realidades locales de numerosos municipios pertenecientes a Castilla, Murcia, Jaén y Extremadura. En el caso de Madrid, se trata de una relación bastante incompleta pero que nos permite conocer su situación geográfica, ubicada a doce leguas de Toledo, el historial de armas y curiosamente la historia de la Puerta del Sol, y además nos traslada que tiene voto en Cortes y procuradores nombrados por la Villa.

“Es tierra templada y sitio tan excelente por la serenidad de su cielo, que la
maravillosa influencia del sol y concurso de los planetas engendran muchas diferencias
de cosas, porque se hallan en ella y sus contornos y murallas piedras demás de los
famosos pedernales, como calcedonias, camafeos, cristales diamantes que parecen
finos, nieles, cornerinas, junquesas y otras muy agradables a la visa. (…) Pasa por ella
el río llamado Henarejos, donde van a moler, aunque en verano no muelen, y van a
Jarama, y a Henares a moler, que está a tres leguas de Madrid. Tiene las más y
mejores fuentes, y de mejor agua que se hayan visto hasta ahora en el prado, que dicen
de San Jerónimo…”

A la vista de esta descripción, resulta especialmente interesante en relación con este trabajo, lo que se refiere a la calidad y cantidad de las aguas existentes en la zona oriental de la ciudad, en el llamado prado de San Jerónimo ya que fue clave para el desarrollo de lo que ocurrió en el siglo XVII. Además, tal y como se advierte en el texto, esta misma zona ya gozaba de decoración ornamental en varias de las fuentes, que nos traslada cierto carácter lúdico y monumental.

lerma

Retrato ecuestre del Duque de Lerma. Pieter Paul Rubens. 1603. Museo del Prado

Con la llegada de Felipe III (1578-1621), rey madrileño por otra parte, se produjo un hecho traumático, que se cita en el primer párrafo y es el traslado a Valladolid de la Corte durante 5 años, de 1601 a 1606. El principal impulsor de esta decisión fue Francisco de Sandoval y Rojas, Duque de Lerma (1553-1625), decisión que “curiosamente” provocó un considerable aumento en sus rentas, lo que puede explicar el motivo o uno de los motivos de este traslado. El caso es que a la vuelta de la Corte, previo pago de 250.000 ducados al Duque, se inauguró la Plaza Mayor, en 1620, además de algunos edificios paradigmáticos como el Convento de las Descalzas o el Palacio de los Consejos, residencia del Duque de Uceda; con esto, tratamos de explicar que se sigue acometiendo el desarrollo urbano desde una perspectiva de indudable aroma medieval, en el que no se advierte un intento de dotar al entramado callejero de una funcionalidad y ordenamiento acorde con los tiempos y con las necesidades reales de la ciudad, que llegados a este punto debemos recordar que ha sufrido un importantísimo aumento demográfico que no se ve acompañado ni mucho menos de las mejoras necesarias para acomodar a tamaña población.

Felipe III muere en 1621 repentinamente, llegando al trono su hijo el Príncipe Felipe (1605-1665), siendo coronado como Felipe IV, quien llegaría acompañado al igual que su padre de un valido, Don Gaspar de Guzmán. (continuará…)

 

BIBLIOGRAFÍA:

ALVAR EZQUERRA, Alfredo. Felipe II, la corte y Madrid en 1561, CSIC, Madrid, 1985.

ALVAR EZQUERRA, Alfredo. El nacimiento de una capital europea. Madrid entre 1561 y 1606, Turner, Madrid, 1989

CAMPOS Y FERNÁNDEZ DE SEVILLA, F. Javier, Las relaciones topográficas de Felipe II: índices, fuentes y bibliografía. San Lorenzo de El Escorial, 2003, p. 453.

FERNANDEZ MONTES, Matilde. La contestación de un cuestionario en el SXVI: Tradición oral y tradición escrita en las relaciones topográficas de Felipe II. Entre la palabra y el texto: problemas de interpretación de fuentes orales y escritas: Curso de Etnología española “Julio Caro Baroja”, 1997, Madrid.

MARÍN PERELLÓN, FRANCISCO JOSÉ. A propósito de una conmemoración: las reales cédulas del asentamiento de la Corte en Madrid, de mayo de 1561, IULCE, Madrid, 1991.

RIVERA BLANCO, J. Javier. Juan Bautista de Toledo y Felipe II. La implantación del clasicismo en España. Universidad de Valladolid. Valladolid. 1984.

 

 

 

Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s